13 mayo, 2019

Bruce Lipton: Los genes están lejos de ser los responsables de todo

Los genes influyen en infinidad de aspectos: los rasgos físicos, el comportamiento, las emociones… Pero, ¿qué cosas o quién tiene influencia sobre ellos? ¿Está nuestro destino biológico determinado solo por el ADN? ¿Quién «domina» a quién? 

Cuando ya había terminado mi carrera universitaria, tuve la oportunidad de leer bastante sobre física. Y, una vez más, me encontraba con información que no se ajustaba en absoluto a la ciencia que yo había estado enseñando.
En el mundo de la nueva física, la física cuántica, los mecanismos que se describen chocan completamente con los mecanismos que enseñábamos basados en la antigua física newtoniana.

Sin embargo, los conceptos básicos de esa nueva física todavía no se han introducido en las escuelas de medicina.
Antiguamente, la ciencia pertenecía a las legislaciones de la iglesia. Se la llamó «teología natural» y se le infundió el dominio espiritual, enseñando que la mano de Dios estaba directamente involucrada en el desarrollo y el mantenimiento del mundo; se decía que la imagen de Dios se expresaba a través de la naturaleza en que vivimos.
La teología natural tenía una clara misión: comprender la naturaleza para que podamos aprender a vivir en armonía con ella. Básicamente, eso significaba aprender a vivir en armonía con Dios, ya que la naturaleza y Dios estaban conectados.

Sin embargo, a través de los abusos de la iglesia, su insistencia en el conocimiento absoluto y sus esfuerzos por suprimir el conocimiento nuevo, se produjo lo que se llamó La ReformaPropulsada por Martín Lutero, La Reforma fue un verdadero desafío a la autoridad y las verdades impuestas por la iglesia. Años más tarde, cuando hubo una oportunidad para cuestionar las creencias sobre el universo, la ciencia se convirtió en lo que se llamó ciencia moderna.

Isaac Newton, el físico cuyos estudios primarios fueron sobre la naturaleza de la gravedad y el movimiento de los planetas, proporcionó las bases para la ciencia moderna. Inventó una nueva matemática llamada cálculo diferencial para crear una ecuación que permitía predecir los movimientos del sistema solar.

La ciencia identificó las verdades como cosas predecibles.
La física newtoniana percibe el universo como una máquina hecha de materia; enuncia que si puedes comprender la naturaleza de la materia, entonces entenderás a la naturaleza misma.
Por lo tanto, la nueva misión de la ciencia consistía en controlar y dominar a la naturaleza, algo completamente distinto a la misión de la ciencia bajo la teología natural, que era vivir en armonía con la naturaleza.

«La ciencia identificó las verdades como cosas predecibles.»

Y aquí, el tema del control con respecto a la biología se convierte en un punto muy importante. ¿Qué es lo que controla los rasgos que expresamos?
De acuerdo con la física newtoniana, las formas de vida representan sistemas hechos de materia y, si se quiere entender esos sistemas u organismos, se los desarma y listo. Un proceso llamado reduccionismo, en el que se estudian las piezas individuales y se observa cómo funcionan. Y, de acuerdo a la teoría reduccionista, cuando vuelves a juntar las partes comprendes el todo. Charles Darwin dijo que los rasgos genéticos que expresa un individuo están relacionados con sus padres. El espermatozoide y el óvulo que se juntan, y dan como resultado la formación de un nuevo individuo, deben llevar algo que controle los rasgos en la descendencia.

Los estudios de células en división comenzaron a principios del siglo XX; allí se descubrieron estructuras similares a cuerdas,  presentes en las células, que empezaban a dividirse. Estas estructuras parecidas a cuerdas fueron llamadas cromosomas. Curiosamente, mientras que los cromosomas se identificaron alrededor de 1900, fue solo en 1944 que realmente identificamos cuál de sus componentes tenía los rasgos genéticos. El mundo se emocionó mucho. Se creyó que después de todos estos años finalmente habíamos llegado a identificar el material que nos controla genéticamente: el ADN.
En 1953, el trabajo de James Watson y Francis Crick reveló que cada hebra de ADN contenía una secuencia de genes, que son los bloques de construcción para hacer un cuerpo humano.

Un titular que anunciaba el descubrimiento de Watson y Crick apareció en un periódico de Nueva York: «Se descubrió el secreto de la vida».
Los científicos vieron que al comprender el código genético podríamos cambiar los caracteres de los organismos y, por lo tanto, hubo una gran carrera hacia el proyecto del genoma humano para tratar de comprender la naturaleza de los genes.
Al principio, se pensó que estos genes solo controlaban la forma física, pero cuanto más comenzaron a manipularse los genes, se comprobó también que influían en el comportamiento y las emociones.

Sin embargo, hubo una última pregunta: ¿qué es lo que controla el ADN?
Eso sería subir el último peldaño de la escalera para averiguar qué es lo que finalmente tiene «el control».
Luego de varios experimentos, los resultados revelaron que era el ADN el responsable de copiarse a sí mismo.
El ADN controla la proteína y la proteína representa nuestros cuerpos.
Básicamente, se dice que la vida está controlada por el ADN. Ese es el dogma central.

Algo compatible con una teoría llamada «la primacía del ADN», que afirma que quiénes somos, qué somos y el destino de nuestras vidas ya están previamente programados en el ADN que recibimos en la concepción.
¿Cuál es la consecuencia de una concepción semejante?
Que en realidad somos una víctima de la herencia genética, sin ningún tipo de control sobre ninguno de los aspectos de nuestras vidas.

«… una teoría llamada «la primacía del ADN», que afirma que quiénes somos, qué somos y el destino de nuestras vidas ya están previamente programados en el ADN que recibimos en la concepción.»

Quisiera mencionar un estudio en particular. Un grupo de científicos observó a un grupo de personas a las que calificaron sobre la base de la felicidad, y trataron de averiguar si había un gen asociado con personas felices que no estaba activo en personas infelices.
Efectivamente, encontraron un gen particular que parece estar más activo en las personas felices.
Luego, de inmediato, comenzó a publicarse, con gran impacto mediático, que se había descubierto «el gen de la felicidad».

El mensaje era: si tengo un gen feliz, mi vida entera estará predeterminada para ser una persona feliz.
Es decir, soy una víctima de mi herencia. Y eso es exactamente lo que nos habían enseñado en la escuela y la universidad, y eso es  también lo que yo había estado enseñando: que las personas no tienen poder sobre sus propias vidas porque no pueden cambiar sus genes.

Uno de los impactos más negativos de tal afirmación errónea es que cuando las personas aceptan que nada pueden porque así lo dicta su naturaleza, de alguna forma comienzan a tener actitudes y conductas irresponsables en sus vidas.
Algo así como: «Bueno, mira, me estás llamando perezoso, pero solo quiero que sepas que mi padre ya era perezoso. ¿Qué puedes esperar de mí? Quiero decir, mis genes me hicieron perezoso. No puedo hacer nada al respecto».
Hoy se sabe que nada de eso es cierto, y se sabe también, que en gran medida somos nosotros, y no la tiranía de nuestros genes, los que tenemos el control de nuestras vidas.

Por Bruce Lipton
Extraído, adaptado y traducido de The Wisdom of Your Cells

Bruce Lipton pasó de ser un reputado y agnóstico biólogo celular, de formación darwinista e investigador avezado en temas de genética (fue uno de los pioneros en la investigación con células madre), a considerar seriamente la posibilidad de que existiera cierta inteligencia en la estructura de la Naturaleza, y a desafiar el status quo imperante en la ciencia, donde los genes eran los responsables de todo: si eras rubio o moreno, pero también si eras violento, depresivo, afable o si creías en Dios. Todo estaba determinado por los genes, y él descubrió (y demostró) que no es así. Sus postulados a partir de entonces han supuesto una verdadera revolución en la forma de concebir la relación entre mente y biología, así como también se han convertido en una referencia para numerosos estudios posteriores que respaldan sus conclusiones sobre la mayor importancia que tienen las creencias, por encima de la genética, en el desarrollo de enfermedades o en la curación.

Bruce Lipton.