13 mayo, 2019

Bruce Lipton: Somos nosotros los que controlamos a los genes, y no al revés

La sabiduría de tus células es una nueva biología que cambiará profundamente la civilización y el mundo en que vivimos. Se trata de un cambio de paradigma que nos lleva de la falsa creencia de que somos víctimas de nuestros genes y maquinaria biológica, a otra realidad completamente opuesta

Mi primera introducción a la biología fue en segundo grado. La maestra trajo un microscopio para mostrarnos las células y recuerdo lo emocionante que fue para mí. Luego, en la universidad, me especialicé en microscopía electrónica y allí tuve la oportunidad de estudiar a fondo las vidas de las células. Las lecciones que aprendí cambiaron mi vida profundamente y me abrieron un horizonte infinito sobre el mundo en que vivimos, que me gustaría compartir aquí. Al usar la microscopía electrónica, no solo vi las células desde el exterior, sino que pude analizar la anatomía de la célula y comprender la naturaleza de su organización, sus estructuras y sus funciones: estaba volando hacia el espacio interior y viendo nuevas perspectivas.

De esa forma, comenzaba a tener una mayor apreciación de la naturaleza de la vida, de las células y de nuestra participación en las propias células.
En este momento también empecé a entrenarme en el cultivo celular.
En 1968, comencé a clonar células madre haciendo mis primeros experimentos de clonación bajo la guía del Dr. Irv Konigsberg, un científico brillante que creó los primeros cultivos de células madre.
Las células madre con las que estaba trabajando se llamaban mioblastos.

Cuando puse mis células en los platos de cultivo con las condiciones que favorecen el crecimiento muscular, las células musculares evolucionaban en grandes músculos contráctiles. Sin embargo, noté que si les cambiaba el medio ambiente alteraba también el destino del desarrollo celular; comenzaba con los mismos precursores musculares, pero en un entorno celular alterado, en vez de generarse un crecimiento de células musculares, ¡se desarrollaban células óseas! Y si alteraba aún más las condiciones del ambiente, esas células se convertían en células adiposas o grasas.

Los resultados de estos experimentos fueron muy emocionantes porque si bien cada una de las células era genéticamente idéntica, su desarrollo y destino estaba controlado por el medio ambiente en el que las colocaba. ¡No por sus genes! Mis colegas, por su parte, estaban muy molestos con los resultados de mi trabajo. Todos estaban subidos al tren del proyecto del genoma humano y en total apoyo con la teoría de que los genes controlan la vida. Por eso, cuando mis estudios finalmente revelaron que el medio ambiente podía alterar notablemente el desarrollo celular, ellos lo tomaron no más que como una mera excepción a la regla.

«… noté que si les cambiaba el medio ambiente alteraba también el destino del desarrollo celular; comenzaba con los mismos precursores musculares, pero en un entorno celular alterado, en vez de generarse un crecimiento de células musculares, ¡se desarrollaban células óseas!»

Ahora tengo una comprensión completamente distinta de la vida, y eso me ha llevado enseñar de una manera totalmente nueva sobre las células y su desarrollo. Cuando te miras a ti mismo ves a una persona individual. Pero si comprendes la naturaleza de quién eres, te das cuenta de que en realidad eres una comunidad de aproximadamente 50 billones de células vivas. Cada célula es un individuo vivo, un ser sensible que tiene su propia vida y funciones, pero que interactúa con otras células en la naturaleza de una comunidad. Si pudiera reducirlo al tamaño de una célula y dejarlo dentro de su propio cuerpo, vería una metrópolis habitada por miles de millones de personas viviendo dentro de una misma piel. Esto se vuelve relevante cuando entendemos que salud es cuando existe armonía en la comunidad y enfermedad cuando se han roto las relaciones dentro de esa comunidad.

Entonces, número uno, somos una comunidad.
Hecho número dos: no hay una función en el cuerpo humano que no esté presente en cada célula.

Por ejemplo, la célula tiene varios sistemas: digestivo, respiratorio, excretor, musculoesquelético, endócrino, reproductivo, un sistema nervioso y un sistema inmune. Cada una de esas funciones existe en el cuerpo y a la vez en cada una de las células. De hecho, estamos hechos a imagen y semejanza de una célula. Esto es muy útil para los biólogos porque podemos investigar las células y luego aplicar esa información para comprender la naturaleza del cuerpo humano.

«Cada una de esas funciones existe en el cuerpo y a la vez en cada una de las células. De hecho, estamos hechos a imagen y semejanza de una célula.»

Podemos llamar como «modelo médico» a la percepción de que la biología humana representa una máquina biológica compuesta de productos bioquímicos y controlada por genes. Por lo tanto, cuando un paciente acude a ver a un médico, el sistema de creencias es que el paciente tiene algo malo con su bioquímica o genes, que pueden ajustarse y así restituirle la salud.

En algún momento me di cuenta de que tenía que dejar la universidad porque encontraba un gran conflicto al enseñar a los estudiantes sobre qué controla la célula y aún así obtener una comprensión completamente diferente de las células en mis culturas.
Una comprensión completamente diferente al de mis estudios y conclusiones.

¿Qué nos enseñan, entonces, mis observaciones del comportamiento celular? Ni más ni menos que no somos víctimas de nuestras propias vidas, como solía creerse. La biología celular actual nos muestra que somos nosotros mismos quienes tenemos el poder de crear y desarrollar nuestra propia realidad. Y puesto que “conocimiento es poder», entonces lo que realmente estamos empezando a comprender como humanidad es el conocimiento de nosotros mismos y, por ende, de nuestro propio poder. Una realidad en donde son nuestra mente, pensamientos y creencias los que controlan a nuestros genes, nuestro comportamiento y todo lo que experimentamos.

Por Bruce Lipton
Extraído, adaptado y traducido de The Wisdom of Your Cells

Bruce Lipton pasó de ser un reputado y agnóstico biólogo celular, de formación darwinista e investigador avezado en temas de genética (fue uno de los pioneros en la investigación con células madre), a considerar seriamente la posibilidad de que existiera cierta inteligencia en la estructura de la Naturaleza, y a desafiar el status quo imperante en la ciencia, donde los genes eran los responsables de todo: si eras rubio o moreno, pero también si eras violento, depresivo, afable o si creías en Dios. Todo estaba determinado por los genes, y él descubrió (y demostró) que no es así. Sus postulados a partir de entonces han supuesto una verdadera revolución en la forma de concebir la relación entre mente y biología, así como también se han convertido en una referencia para numerosos estudios posteriores que respaldan sus conclusiones sobre la mayor importancia que tienen las creencias, por encima de la genética, en el desarrollo de enfermedades o en la curación.