17 mayo, 2019

Dalai Lama: “La compasión es una de las claves para vivir con paz mental ”

Todos los seres de esta Tierra comparten un mismo objetivo: ser felices y evitar el sufrimiento. Ahora, ¿cómo se logra la felicidad tan anhelada? Por empezar, no puede haber felicidad sin una mente en calma

Aquí, más allá de nuestra condición física, que también es importante, una mente en calma es lo fundamental.
Ahora, ¿cómo hacer para acallar la incesante actividad mental?
En India dicen que sabio es aquel que transita con una sonrisa incondicional los valores opuestos.
Cada ser humano experimentará, desde que nace hasta el final de sus días, luz y sombra, frío y calor, salud y enfermedad, encuentros y despedidas, vida y muerte…
Anestesiarnos con sustancias y fármacos -salvo casos y situaciones puntuales- no es la solución, en absoluto, para enfrentar nuestros problemas y ocuparnos de ellos.
Sí, es vital, mantener la mente en calma, tranquila; desde ese lugar, se puede tener una actitud realista y podamos manejar las situaciones con ecuanimidad.
Los tranquilizantes y otros psicofármacos producen, entre otras cosas, un embotamiento mental, un adormecimiento de la consciencia, privándonos así de las capacidades de nuestra inteligencia en su máximo potencial; con tales drogas, se atonta el intelecto, decae el estado de alerta, y se deteriora el correcto funcionamiento del sistema nervioso.

«En India dicen que sabio es aquel que transita con una sonrisa incondicional los valores opuestos».

Por eso, lo mejor siempre es no modificar el estado mental con sustancias externas, salvo casos muy puntuales.
Es sumamente importante cuidarnos para lograr un correcto funcionamiento del cerebro y de nuestras facultades intelectuales. Y con respecto a esto último, hay un punto a destacar relacionado con el afecto humano: cuanto más compasiva sea nuestra mente, mejor funcionará nuestro cerebro.

El budismo enuncia que cuando desarrollamos alguna emoción negativa no podemos ver la realidad.
Por ejemplo, el miedo, la ira o el enojo entorpecen considerablemente el correcto funcionamiento del cerebro.
La negatividad de nuestros sentimientos no nos deja ver con claridad.
Una mente claramente dominada por el odio difícilmente pueda tomar una decisión acertada, ecuánime, constructiva y amorosa.

«… el miedo, la ira o el enojo entorpecen considerablemente el correcto funcionamiento del cerebro.»

Absolutamente nadie quiere equivocarse ni tomar decisiones erróneas. Pero en momentos donde no estamos en eje, en nuestro centro, el intelecto pierde su capacidad para discernir entre el bien del mal, y carece así de sus cualidades para guiarnos correctamente.
Esto les ocurre a personas comunes con situaciones cotidianas laborales o familiares, a deportistas y artistas, y a grandes líderes que pueden alterar el curso de la Humanidad en cuestiones de segundos.

Por lo tanto, la compasión y el afecto contribuyen significativamente a que el cerebro funcione mejor.
En segundo lugar, la compasión nos ayuda a desarrollar fortaleza interior y confianza en nosotros mismos.
Así, disminuyen el miedo, la angustia y la ansiedad, y la mente se calma ante la ausencia de pensamientos o emociones tóxicos.
La compasión, entonces, cumple dos funciones básicas: nutre nuestra fortaleza interior y optimiza el funcionamiento cognitivo-sensorial. Y, por tal motivo, es fundamental tener presente esto último con relación a la búsqueda de la felicidad.

S. S. Dalai Lama.

Claro que otras facultades y condiciones son importantes y necesarias para ser feliz.
A todos les gusta el bienestar material y el dinero, por ejemplo.
Con dinero, se puede disfrutar de muchas cosas. Sin embargo, se suele considerar que todo aquello que puede conseguirse por medio del dinero es lo más importante y necesario. Pero no es así.

«Cuanto más compasiva sea nuestra mente, mejor funcionará nuestro cerebro.»

Las comodidades materiales se consiguen con trabajo y esfuerzo físico, pero el bienestar mental no se logrará jamás así.
La paz mental requiere de otro tipo de esfuerzo, hábitos y disciplina.
La paz mental no se puede comprar. Y, volviendo al tema de los fármacos y drogas, sí, pueden darnos felicidad o tranquilidad, pero temporalmente y a un plano bastante superficial.
El mundo moderno, de hecho, busca excesivamente todo en “el afuera”; pero la felicidad, la paz y el bienestar auténtico viene desde adentro; todo eso está dentro nuestro. Y es allí dentro donde hay que buscar.

Inspirado en la Conferencia del Dalai Lama en la Universidad de Stanford sobre el papel de la compasión en la vida individual y en la sociedad.