13 noviembre, 2019

El verdadero significado de Namasté

En Occidente se lo suele conocer y utilizar en las clases de yoga como un saludo; sin embargo, tiene significados más profundos y sagrados

El término Namasté proviene del sánscrito –antiguo idioma sagrado que utilizaban en el Valle del Indo los primeros yoguis, o rishis y está formado por dos raíces: namas, de nam, que se significa «saludo» o «reverencia» y que, al unirse con el pronombre te (o “a ti”, en español), cobra sentido como “te saludo”.

Sin embargo, Namasté no sólo hace referencia al saludo de bienvenida o despedida; también denota una expresión que se utiliza como agradecimiento y profunda señal de respeto y afecto.

Otros estudiosos del yoga indican que, al significar también la palabra namas «nada mío», entonces Namasté simbolizaría la necesidad de dejar el ego en una actitud humilde frente a los demás.

De hecho, cuando el saludo es auténtico y nace del corazón, la conexión que se genera entre las personas es absolutamente genuina y amorosa.

Respecto del gesto, es común observar que cuando se pronuncia la palabra Namasté suele ir acompañado de un «mudra» (o posición de manos) particular: ambas palmas de las manos enfrentadas a la altura del pecho -como si fuese a rezar- justamente donde reside el chakra del corazón (también es conocido como anjali mudra o atmanjali mudra).

Y también existe otro hermoso significado, incluso más profundo y espiritual que los anteriores. Los textos védicos, de la antigua India, describieron lo mismo que tantas corrientes filosóficas y religiones: la creencia de que existe un chispa divina en cada persona. Un principio conocido también como guru tattva.

Entonces, cuando a Namasté se le acompaña con el típico el mudra o posición de manos juntas sobre el pecho, estamos reconociendo a la Divinidad en el otro.

Otras formas de decir lo mismo, serían: “La Divinidad, lo más hermoso que hay en mí, reconoce a la chispa divina que también vive en ti”, y “tu espíritu y el mío son uno” (un recordatorio y una celebración a la verdad de que todos estamos conectados, que todos somos uno, que no hay tal cosa como «tu» y «yo», y que todos somos uno y parte del universo.

Así, cuando se utiliza el saludo “Namasté”, se crea una unión que trascienden los finitos y artificiales límites del ego; nos conectamos más allá de los roles sociales y de cualquier identificación superficial (tal como sexo, edad, raza, nacionalidad, etc). Y es por eso que en la tradiciones de la India, Tíbet, Nepal, Sri Lanka y sudeste asiático, por ejemplo, Namasté es un saludo sagrado.

Actualmente, y gracias a la gran popularización del yoga y la meditación de los últimos años en Occidente, casi todas las personas reconocen el sagrado saludo al escucharlo.

¡Namasté! ¡Saludo a lo más hermoso que hay en tí!