20 octubre, 2019

La Biblioteca Nacional y nuestros símbolos

La imagen de un sumo pontífice frente al edificio público más representativo de la plularidad de ideas y la libertad de expresión compendia la “cultura bonsái” de un país (y acaso de toda la América Latina): más bonita cuanto más se la recorta

Por Isha Escribano

Nota: el ensayo que comparto a continuación lo escribí a finales de 2000, cuando me ganaba la vida casi exclusivamente como periodista y escritora free-lance. Recuerdo que le había dedicado varias semanas al tema, investigando, conversando con diferentes pensadores y especialistas, y luego escribiéndolo. Desgraciadamente, el texto nunca fue publicado en el diario para el cual lo había escrito. Senciallamente -cosa que fue muy dura y desalentadora en su momento- me lo censuraron. Las semanas siguientes intenté publicarlo en otros medios, con igual suerte, hasta que finalmente una revista me lo publicó, aunque en una versión algo más breve que la original.
Hoy, sin nadie que lo pode, desapruebe o descarte, el texto original y completo felizmente vuelve a ver la luz.

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Ordenar una biblioteca es una manera silenciosa de ejercer el arte de la crítica – Jorge Luis Borges. 

I.

Llueve. Torrencialmente. ¿Tendrá el cielo sus razones? Cómo saberlo. Lo cierto es que por aquel agosto de 1999 el ex presidente Carlos Menem inauguraba, en la ubérrima explanada de la Biblioteca Nacional, una estatua de Juan Pablo II.

Daba igual que la legislación porteña prohibiera erigir monumentos hasta pasados 20 años de la muerte de las personas a enaltecer.
Pero como todo es posible en el reino de Carlos Argentino Daneri -ese personaje borgiano que “es autoritario, pero también es ineficaz”-, por obra y gracia de una norma de excepción la gigantesca imagen broncínea de 4,6 metros de alto, y única en su tipo -sólo en la catedral de Montevideo había un monumento a ese Papa-, fue colocada finalmente al aire libre.

Detrás del bronce, bajo el manto gris de un vasto cielo plomizo, podía oírse el mutismo de una Biblioteca Nacional herida en lo más recóndito de su corazón

Rostros empapados contemplaban la escena. Uno de ellos, algo desorientado, buscaba con ojos aflijidos y erráticos la encantadora figura de Rubén Darío, sin saber acaso que ya no encontraría allí la forma estoica del poeta que supo ganarse aquel mismísimo espacio público, algún día ya pretérito, por haberle alzado su preciosa voz de tinta nada menos que al amor.

“La trasladaron algo más lejos, al otro lado de la Avenida Libertador, y en su lugar han decidido emplazar una estatua de Eva Perón”, terminó explicándole, cabizbajo, un transeúnte desconocido que contemplaba la escena, también con inocultable desdén. 

II.

¿No hubiera sido más acertado colocar la estatua de Juan Pablo II en el atrio de la Catedral, o frente al edificio de la Conferencia Episcopal argentina? ¿A quién se le ocurrió reemplazar la hermosa escultura de Rubén Darío por otra que como obra de arte no sólo es espantosa -la de Eva Perón-, sino cuyo lugar es todavía mucho más discutible?”, plantea, en una conversación telefónica, Gastón Burucúa, director de la maestría de sociología de la cultura de la Universidad de San Martín. Y agrega: “Ese espacio frente a la Biblioteca Nacional está muy castigado. No existe ninguna planificación en la colocación y elección de monumentos, ni tampoco se sabe quién los autoriza. Una comisión seria debería tomar tales decisiones”.

“Por otra parte, y sin ser peronista -aclara Burucúa- creo que Evita se merece un monumento mejor”. 

En la misma línea, el escritor Rodolfo Rabanal, en un encuentro mano a mano, reflexiona sin rodeos: “La imagen del Papa en ese lugar es una propuesta sectaria en una ciudad cosmopolita como Buenos Aires e implica, además, una confusión histórica que siempre nos ha hecho mal: Iglesia y Estado en oscuro pero efectivo matrimonio.

El disparate de reunir la libre cultura que los libros simbolizan, con el máximo jerarca del catolicismo -no de toda la cristiandad-, acierta por error, refuerza la paradoja y denuncia el equívoco que parece no molestar a nadie”.

Desde otro ángulo, Santiago Kovadloff, poeta, ensayista y miembro de la Academia Argentina de Letras, opina que el monumento de un Papa que ha demostrado hasta dónde puede llegar la Iglesia en su asunción de “una responsabilidad solidaria, autocrítica y universalista” no es incompatible con la pluralidad de valores que representa la Biblioteca. “Desde esa perspectiva -dice Kovadloff-, la decisión me parece acertada”.

Desde la perspectiva histórica, empero, el asunto es bastante más controvertido. Veamos.

III.

La Santa Inquisición presumía que las novelas alborotaban los espíritus e infundían actitudes insumisas frente a lo establecido. Había que destruir el mundo novelístico, el orbe de los deseos e ilusiones, de la realidad que no pudo ser. Había que negar y desterrar de cuajo la novelística, “uno de los elementos de salvación”, en palabras del escritor Ernesto Sábato. Y, por tanto, el género estuvo prohibido durante tres siglos en la América española. Sí, trescientos años.

En 1555, el pontífice Pablo IV encargó a la Congregación que elaborara una lista de libros que atentaban contra la fe o la moral y, en 1559, aprobó el primer Indice de Libros Prohibidos.

En el virreinato rioplatense, sólo a partir del siglo XIX fueron permitidas las funciones de teatro en tiempo de Cuaresma.

La Santa Inquisición presumía que las novelas alborotaban los espíritus e infundían actitudes insumisas frente a lo establecido. Había que destruir el mundo novelístico, el orbe de los deseos e ilusiones, de la realidad que no pudo ser.

Para principios del siglo XX, el riguroso control de la Iglesia disminuía y la secularización de la vida social se propagaba a lo largo del país. 

En 1943, autorizado por la revolución militar, y a contramarcha del crisol de razas ya existente en la sociedad argentina, fue restablecida la enseñanza católica en las escuelas públicas. Dos años más tarde, nuestra cultura daba a luz su inolvidable criatura: “alpargatas sí, libros no”.

La Biblioteca Nacional debiera ser uno de los principales objetos a cuidar para una política de Estado -advierte Enrique Tándeter, profesor titular de la cátedra de historia de América colonial, de la UBA e investigador del Conicet-; pero, es un sentimiento de vergüenza que venimos sufriendo los intelectuales, desde hace mucho tiempo, cada vez que allí llevamos de visita a extranjeros”.

La ensayista Beatriz Sarlo, por su parte, opina que si en el espacio representativo de la pluralidad ideológica, religiosa y cultural ponemos al jefe de una sola religión, habría que hacer lo mismo con los representantes de los demás credos y escuelas filosóficas

Juan Pablo II, frente a la Biblioteca Nacional.

IV.

Salvando distancias, el terreno sobre el que está construida la Biblioteca Nacional tiene algo de Kosovo y algo de Jerusalén: se lo disputan varios. Allí, en el Palacio Unzué, agonizó Evita mientras en la pared que daba sobre la calle Austria alguien escribía: “Viva el cáncer”.

La Libertadora cometió una de sus mayores locuras al derribar el palacio destinado a residencia presidencial, para que nunca más un presidente argentino durmiera bajo ese techo supuestamente contaminado. Después, la construcción de la Biblioteca estuvo detenida durante tanto tiempo, que alguna maldición parecía planear sobre el lugar.

Cuando por fin se inauguró, muchos pensaron que ya estaba, que no hacía falta superponer ningún símbolo más. Que para acallar los fantasmas de un tiempo delirante, bastaba y sobraba con un lugar de cultura. 

“Pero la estatua de un Papa, que podría haber estado perfectamente en otro lado, vuelve a lanzar una batalla por lo visto no concluida. Lo malo de estas contiendas simbólicas es que obligan a elegir. Y uno no tiene más remedio que alzar la vista del libro para delimitar su propio territorio: laico y, dentro de la modestia del conjunto, lo más racional que se pueda”, observa la escritora Alicia Dujovne Ortíz. “Se trata de una disputa sin fin”, concluye.

V.

El arte del bonsái -una palabra de origen japonés que significa literalmente bon, “bandeja”, y sai, “cultivar” (aunque etimológicamente procede del término chino, penzai, que significa pén, “cuenco”, y zāi, “planta”)- consiste en cultivar árboles y plantas, normalmente arbustos, controlando su tamaño para que permanezcan de un tamaño muy inferior al natural, mediante técnicas, como el trasplante, la poda, el alambrado o el pinzado, y modelando su forma para crear un estilo que nos recuerde una escena de la naturaleza. Además, es indisociable de la maceta, ya que el bonsái se entiende como el conjunto que conforman árbol y maceta.

Desde mi punto de vista, la estatua de Juan Pablo II frente a la Biblioteca Nacional sintetiza magistralmente nuestra historia -argentina, y por qué no también Latinoamericana-; una cultura de arbolitos bonsáis: esto es, más bonitos cuanto más se nos recorta

Y por eso no es de extrañarse que allí continúe, impertérrita y estoica -frente al edificio público que por autonomasia simboliza un canto vivo a la libertad y encierra, en cada una de las hojas de sus libros, la pluralidad de expresión, de creencias y de pensamiento– la imagen del jerarca de una institución que ha ocasionado e inflingido no menos que gravísimas consecuencias en la salud y el bienestar psicológico, físico y espiritual de millones de personas, a través de subrepticios métodos de dominación, imposición, acoso, humillación, represión, sumisión, verdades impuestas por la coerción e instigación sistemática del miedo, la culpa y el odio a lo diferente, lo “desviado” y lo desconocido.

VI.

Si volvemos a la naturaleza, acaso comprenderíamos que la Tierra es un sistema de relaciones, una conspiración de elementos movidos todos por una simpatía de orden cósmico, universal

Rubén Darío, en su constante búsqueda de nuevas formas y lenguajes, debió transgredir un enjambre de normas sociales para cantarle al amor, a la vida misma; por ello, se siente culpable. Pero igualmente se expresa sin renunciar a los dictados de su espíritu

El poeta nicaragüense sabía en su corazón que a la culpa enquistada en el inconsciente colectivo acaso no la lavaría ni toda el agua del océano. Y sabía, también, que la perspectiva más adecuada del ser humano es la que nos ensancha, no la que tiende a miniaturizarnos

Sí. Llovía, incansable y torrencialmente, aquella aciaga mañana de agosto de 1999.

La Biblioteca Nacional argentina con sol.

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*Isha Escribano es cantante, música y compositora; escritora y periodista; médica psicoterapeuta y life coach; conferencista; modelo; instructora de yoga, técnicas de respiración y meditación.

Recibida en la Universidad de Buenos Aires, en 1993, cuenta con más de 25 años de experiencia en psicoterapias y sesiones de life-coach personales y grupales; 20 años de profundo estudio teórico y práctico de Ciencias Védicas; un Fellowship sobre Budismo e Hinduísmo en la Universidad de Cambridge, Inglaterra; conocimientos avanzados de medicina ayurveda y un año de residencia en Clínica Médica en el Hospital Italiano de Buenos Aires.En los últimos 15 años brindó conciertos por todo el mundo, especialmente en Latinoamérica, y les dio cursos y talleres de desarrollo personal a más de 10 mil personas. En las sesiones de terapia, presenciales u online, vuelca y comparte su experiencia de intensa vida personal, su profunda búsqueda espiritual y su mixtura de conocimientos científicos, artísticos y humanistas, provenientes de diversas culturas y corrientes de pensamiento. Suelen ser terapias cortas (generalmente de no más de 8 sesiones, con intervalos de 15 días a un mes), apuntadas a resolver situaciones actuales puntuales. Como periodista y escritora, publicó más de 400 artículos de opinión, crónicas de viajes, ensayos y entrevistas en diversos medios gráficos de la Argentina y el exterior, principalmente entre 2000 y 2005. Su oficio de cronista la llevó a viajar por todo el mundo y a entrevistarse con figuras nacionales e internacionales de los más diversos ámbitos, culturas y tradiciones. También trabajó como columnista en programas radiales y como conductora televisiva en programas de salud. En 2006 fundó Igooh, el primer sitio argentino online de expresión ciudadana (y uno de los primeros de Latinoamérica), con contenido generado por los usuarios y sin moderación previa de comentarios. En 2007 fue nombrada Miembro Titular de la Academia Nacional del Folklore de la República Argentina. En 2008, creó Indra Mantras -el primer proyecto de mantras pop de Sudamérica-, con el objeto principal de popularizar los mantras y elevar los valores humanos en la sociedad por medio de la música y el arte. Su discografía incluye siete discos: -dos de folklore argentino: Por el sendero (2005); y De tierra y viento (2014); -y cinco de Indra Mantras: Niranjana (2008); Living Sessions (2011); Everything is love (2013); Siente (2016) y Canta (2019).Es instructora y fundadora (2001) de El Arte de Vivir en la Argentina. Por razones laborales y personales vivió en Boston y Nueva York (Estados Unidos), Cambridge (Inglaterra), Leipzig y Berlín (Alemania), Zurich (Suiza), Estocolmo y Västerås (Suecia). Además de español, habla fluido en inglés y tiene conocimientos de italiano, portugués, sueco, sánscrito y alemán.Isha es transgénero mujer.Vegetariana. Yoguini.Activista trans. Ambientalista.Nació en Pergamino, provincia de Buenos Aires, Argentina, el 10 de marzo de 1969. •Comenzó su transición de género el 3 de enero de 2019.
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