5 marzo, 2020

Las almas entablan sus relaciones afectivas antes de encarnar en un nuevo cuerpo

Nada de lo que nos ocurre es producto del azar y lo mismo sucede con cada persona que conocemos en el largo camino de la vida

Cada ser, cada encuentro, lleva consigo un propósito. Sí, es cierto que algunas personas tienen un mayor impacto que otras, pero todas nos enseñan y dejan algo

En el momento, puede que no nos demos cuenta, pero con el tiempo, a retrospectiva, todo va encaja perfectamente y vemos que, al igual que en un rompecabezas, una pieza que podía parecer totalmente ajena, era exactamente la necesaria para lograr unir a las demás.

James Redfield, autor de La nueva visión espiritual, escribe: “En cualquier momento pueden ocurrir coincidencias significativas. Podemos estar enfrascados en nuestros asuntos cotidianos cuando, sin previo aviso, se produce un hecho fortuito que atrae nuestra atención”.

Para Carl Jung, por ejemplo, la sincronicidad es una ley universal cuyo fin no es otro que el de orientarnos hacia un crecimiento evolutivo de la conciencia. Una suerte de “pista divina” para reorientar nuestras vidas y unirnos a nuestro “verdadero destino”.

La psicología trascendental, los antiguos textos védicos, Lao Tsé, el chamanismo andino y seres provenientes de los más remotas geografías, épocas, ámbitos y áreas del conocimiento han advertido que en lo más fortuito de los eventos es posible percibir, y hasta casi palpar, a esa gran agencia de inmensurable inteligencia, amor y bondad, que parecería deleitarse con ser conocida.

Todo lo que no es demostrable por nuestros sentidos lo consideramos como un misterio; sin embargo, existen muchas hipótesis en cuanto a nuestro tránsito por este plano, teniendo mucho sentido que las personas que juegan roles trascendentales en nuestras vidas, corresponden con almas con las que tenemos acuerdos previos a encarnar y que serán piezas claves en las acciones que debemos ejecutar y las lecciones que debemos aprender.

Muchas personas creen y sostienen que a pesar de no haber un destino escrito, las almas programan sus encuentros y muchas veces seleccionan sus nexos principales antes de llegar a este plano. Y que por eso siempre debemos bendecir cada una de nuestras relaciones, porque aunque no lo tengamos claro y pensemos que nacimos en la familia equivocada, o nos relacionamos con la pareja incorrecta, de acuerdo a esta teoría, todo eso dista muchísimo de la realidad.

En la gran red cósmica cada persona está interconectada y nos enseña algo específico. Y en ocasiones, somos nosotros quienes llevamos el mensaje del aprendizaje de otras personas.

Es así: cuando llegue el momento justo, esas personas que necesitamos para crecer llegará en el tiempo justo de nuestras vidas: algunas serán sinónimo de felicidad y otras opacarán nuestra sonrisa.

Lo importante es ser conscientes de esas personas están porque las necesitamos para conocernos y reflejarnos a través de ellas; para dar, para recibir, para perdonar, para entender…

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Mientras más compasivos seamos con nosotros y los que nos rodean, más rápidas y sencillas serán las lecciones de este simple y a la vez complejo juego llamado vida.

Por último, las almas unidas por un amor muy grande suelen reencontrarse a lo largo de varias encarnaciones, sanando así heridas, cerrando ciclos, aprendiendo y evolucionando juntas. Lo cual nos hace suponer que no hay forma de separarnos de nuestras relaciones afectivas más íntimas, grabados en nuestra alma con el fuego del amor, y que por siempre formarán parte de nuestras vidas.