Las múltiples bondades curativas de los chiles

Aunque no todos lo sepan, los ajíes picantes poseen animosas propiedades para la salud

Por Isha Escribano

Por empezar, podría decirse que los chiles (el nombre genérico de los ajíes “que pican”) contienen pocas calorías, bajas concentraciones de sodio y colesterol e importantes cantidades de vitaminas A y C (56 gramos diarios de chile aportan dos veces las recomendaciones diarias de vitamina A). Además, son también una importante fuente de potasio, ácido fólico y vitamina E, que le confiere propiedades antioxidantes.

Ahora, ¿qué tienen que ver los chiles con los ajíes, o con los pimientos? Llamemos a las cosas por su nombre. Veamos. Chile es el nombre genérico utilizado para denominar todas las clases de estos pequeños frutos, conocidos también como pimientos o ajíes. Hasta el momento, se identificado entre 150 y 200 especies de ajíes. En realidad, parte de toda esta confusión de los nombres se debe a que los chiles son conocidos de distintas maneras según cada región. Por ejemplo, el chile poblano, en California y suroeste de los Estados Unidos, es conocido como pasilla ochile negro; mientras que pasilla es, en realidad, la variante seca de un chile totalmente distinto: el chilaca. Y el embrollo nominal continúa. Otras veces, distintos tipos de chiles, similares entre sí, son llamados de la misma forma: el fresno rojo, o chile cera suele ser confundido con los jalapeños, de tamaño, forma y color muy parecido, aunque mucho menos picantes que los primeros.

Lo cierto es que la capsicina, el principio activo que los hace picantes y es el mismo para todos ellos, facilita la ventilación de las vías respiratorias, actúa como expectorante o descongestivo natural y es efectiva para la prevención de bronquitis y úlceras digestivas.
Es más, la comida picante no tiene ningún efecto gástrico perjudicial, según el doctor David Graham, jefe del Servicio de Gastroenterología del Centro Médico de Veteranos, en Houston. Y para terminar de enterrar viejas creencias, Graham agrega que los chiles no tienen ninguna contraindicación, inclusive en las personas con úlcera de estómago.

El tamaño sí importa

En líneas generales puede decirse que los ajíes más picantes son los de menor tamaño. Esto se debe a que cuanto más pequeños son poseen una mayor cantidad de semillas y capilares, que es precisamente en donde se encuentra la capsicina. Los tradicionales pimientos verdes, naranjas o rojos, estos últimos también conocidos como morrones, no son picantes. En The Great Chile Book, Mark Miller establece una escala subjetiva del 1 al 10, en la que se le atribuye un valor igual a 1, para los chiles más suaves, y 10, a los más picantes. Veamos algunos ejemplos. Entre 1 y 5, podemos mencionar el chile de aguaanaheim, chawa, chilaca, güero, chile New Mexico, poblano, fresnoy chile húngaro, que tienen una intensidad moderada. Para aquellos todavía más aventurados, con un valor entre 6 y 8, se destacan el chile manzana, peruano, rocotillo, fiesta, huachinango, thai y el chile serrano. Y por último, ya para avanzados, el habanero, jamaican hot, scotch bonnet, tabasco, tepín y el chile macho, con un valor de 9 y 10.

Es interesante reparar en que los picantes son más populares en zonas cálidas. Los chiles estimulan la frecuencia cardíaca y la transpiración que es, precisamente, la forma natural por la cual perdemos calor.“La capsicina activa no solamente las terminales nerviosas que estimulan la secreción de saliva, sino también fibras cercanas, que controlan el funcionamiento de las glándulas nasales”, explica el doctor George Phillip, del Centro de Asma y Alergia de la Universidad John Hopkins. El estímulo de esas secreciones contribuye a limpiar los senos paranasales cargados de mucosidades y, de esa forma, alivia la clásica presión y el dolor de cabeza de la sinusitis. Bruce Scott, cirujano de cabeza y cuello, en Louisville, Kentuky, agrega que los chiles ayudan a liberar las secreciones típicas de la sinusitis sin producir los efectos adversos de las tradicionales drogas descongestivas.

Históricamente, los chiles ya eran utilizados en forma homeopática, como terapia herbal, y aún continúan siendo empleados con fines curativos por las culturas mejicanas e indias actuales. Numerosas civilizaciones de América Latina cultivaban el fruto, no solamente para comer, sino también para aliviar, entre algunas dolencias, los síntomas de la artritis, malaria, epilepsia y dolores de muela. Los Mayas, por ejemplo, recurrían a los chiles para calmar ataques de asma o de tos. Los textos de medicina tradicional empleados actualmente en Europa y Asia suelen mencionar las bondades de los chiles y otros picantes para aliviar los síntomas de varias enfermedades, como por ejemplo, las del resfrío.

Paul Rozin, psicólogo de la Universidad de Pensilvania, explica que la capsicina, al  “quemar” las terminales nerviosas presentes en la lengua y boca, produce una señal similar a la del dolor. De esa manera, en un intento por proteger al organismo de la supuesta amenaza, el cerebro libera unas sustancias químicas naturales, llamadas endorfinas, que atenúan la sensación de dolor y crean una sensación de euforia y bienestar. La capsicina posee, además, propiedades analgésicas para aliviar el dolor de cabeza, en forma inhalatoria, y el dolor articular, cuando es inyectada. Y aún más. Al detener el crecimiento bacteriano actúa como un antibiótico natural.

Por último, reparando en la popular creencia que sostiene: “prevenir es curar”, ¿qué hacer, entonces, si luego de probar algún picante no puede resistir la sensación de que se le está prendiendo fuego la boca? Hay quienes, en el desesperado intento por apagar el incendio interior que experimentan, se zambullen en su porrón de cerveza. Error. El alcohol no hará otra cosa que aumentar la absorción de la capsicina, y hará, en definitiva, que el martirio sea aún mayor. Los expertos aseguran que no hay mejores antídotos el yogur, la leche o los helados. Pero como no es frecuente tener al alcance ninguno de esos tres alimentos en medio del “incendio”, es oportuno destacar que el pan o el arroz también pueden neutralizar, aunque en menor medida, los alcaloides naturales de la capsaicina.

*Isha Escribano es cantante, música y compositora – fundadora y lider de Indra Mantras –; escritora y periodista; médica psicoterapeuta; conferencista; e instructora de yoga, técnicas de respiración y meditación.

Recibida en la Universidad de Buenos Aires, en 1993, cuenta con más de 25 años de experiencia en psicoterapias y sesiones de life-coach personales y grupales; 20 años de profundo estudio teórico y práctico de Ciencias Védicas; un Fellowship sobre Budismo e Hinduísmo en la Universidad de Cambridge, Inglaterra; conocimientos avanzados de medicina ayurveda y un año de residencia en Clínica Médica en el Hospital Italiano de Buenos Aires.

En los últimos 15 años brindó conciertos por todo el mundo, especialmente en Latinoamérica, y les dio cursos y talleres de desarrollo personal a más de 10 mil personas.

En las sesiones de terapia, presenciales u online, vuelca y comparte su experiencia de intensa vida personal, su profunda búsqueda espiritual y su mixtura de conocimientos científicos, artísticos y humanistas, provenientes de diversas culturas y corrientes de pensamiento. Suelen ser terapias cortas (generalmente de no más de 8 sesiones, con intervalos de 15 días a un mes, salvo situaciones excepcionales), apuntadas a resolver situaciones actuales puntuales y a modificar, eventualmente, ciertos hábitos cotidianos.

Es fundadora de El Arte de Vivir en la Argentina y Miembro Titular de la Academia Nacional del Folklore de la República Argentina.

En 2008, creó Indra Mantras -el primer proyecto de mantras pop de Sudamérica-, con el objeto principal de popularizar los mantras y elevar los valores humanos en la sociedad por medio de la música y el arte.

Por razones laborales y personales vivió en Boston y Nueva York (Estados Unidos), Cambridge (Inglaterra), Leipzig y Berlín (Alemania), Zurich (Suiza), Estocolmo y Västerås (Suecia). Además de español, habla fluido en inglés y tiene conocimientos de italiano, portugués, sueco, sánscrito y alemán.

Isha es mujer transgénero. Nació en Pergamino, provincia de Buenos Aires, Argentina, el 10 de marzo de 1969.