Las múltiples vidas de la reencarnación

El rechazo a la reencarnación del mundo industrializado y la cultura Occidental dominante, principalmente a partir del siglo XVII, han rebajado toda forma ajena de espiritualidad como algo oscuro, engañoso y erróneo

El karma y la reencarnación constituyen un aspecto neurálgico en las principales tradiciones, corrientes filosóficas y religiones provenientes de la antigua India, sudeste asiático y Japón, tales como el hinduismo, sikhismo, jainismo y zoroastrismo, así como también diversas formas de budismo que se practican en la actualidad. Todas las tradiciones con origen en la antigua India aseguran que la reencarnación existe en un ciclo sin fin. Los jainistas, por ejemplo, sostienen que las almas van recogiendo los frutos acciones pasadas a través de sucesivas vidas y que, cuando se acumula suficiente buen karma, la pureza del alma puede hacer que se reencarne en un “deva” o entidad semidivina. En la Antigua Grecia, diversas escuelas de pensamiento también asumieron la creencia de la reencarnación, principalmente los pitagóricos, platónicos y órficos; al igual que los fariseos, esenios, karaítas y otras sectas judías. Entre los gnósticos y neoplatónicos, la reencarnación pasó a ser un dogma fundamental, así como también formó parte de la teología cabalística del judaísmo medieval.

“En la Antigua Grecia, diversas escuelas de pensamiento asumieron la creencia de la reencarnación, principalmente los pitagóricos, platónicos y órficos; al igual que los fariseos, esenios, karaítas y otras sectas judías”. 

Por último, y del mismo modo, encontramos principios similares entre civilizaciones tan distintas y distantes entre sí, como los rastafaris jamaiquinos, las tribus africanas, los indios norteamericanos, las culturas precolombinas, los celtas, los kahunas polinesios, los druidas y los practicantes de la umbanda brasileña. Dentro de la sociedad occidental, antropósofos, teósofos y ciertos grupos denominados espiritistas creen en la existencia de la reencarnación de las almas. Respecto de la fe cristiana, y aunque pudiera parecer que la idea de la reencarnación le es absolutamente ajena e incompatible, cabe destacar que los primeros místicos cristianos creían profundamente en la existencia de viejas almas que regresan, una y otra vez, a la Tierra.

“Respecto de la fe cristiana, y aunque pudiera parecer que la idea de la reencarnación le es absolutamente ajena e incompatible, cabe destacar que los primeros místicos cristianos creían profundamente en la existencia de viejas almas que regresan, una y otra vez, a la Tierra”. 

Todos los libros de Orígenes -uno de los más notables Padres de la Iglesia, y uno de los más sobresalientes divulgadores de la reencarnación- fueron condenados por el Segundo Concilio de Constantinopla, en el año 553, bajo la custodia del emperador Justiniano. “Si alguien afirmara la fabulosa pre-existencia de las almas y se adhiriese esa doctrina monstruosa, ¡sea anatema!”, sentenciaba el veredicto.

Ahora, ¿qué se entiende por reencarnación? ¿De qué se trata? Básicamente, es lo que sucede con la esencia individual de las personas, ya sea mente, alma, conciencia o energía, que adopta un cuerpo material varias veces según va muriendo; es el viaje del alma que va de cuerpo en cuerpo, evolucionando, hasta alcanzar el nirvana o la iluminación¿Existe la reencarnación? Es muy difícil entender y explicar racionalmente la reencarnación; a fin de cuentas, pasa más por una vivencia íntima que por el fruto de un razonamiento intelectual. Sí, es cierto que la idea de la reencarnación está mucho más difundida en Oriente que en Occidente, pero deben tenerse en cuenta todas las purgas culturales, quemas de libros y bibliotecas, y traducciones deliberadamente alteradas que han existido en la historia occidental.

“Sí, es cierto que la idea de la reencarnación está mucho más difundida en Oriente que en Occidente”.

Esto podría llevarnos a pensar, más allá de entrar en la polémica de si Occidente alcanzó alguna vez el misticismo de Oriente, que al menos sí tuvo corrientes místicas muy profundas, con doctrinas llenas de herramientas útiles al hombre, pero que fueron veladas por todo tipo de intereses y manipulaciones. Como vemmos, la reencarnación es universal; no es oriental ni occidental. Cada civilización que la mencionó, directa o indirectamente, lo hizo a su manera, según su forma de ver la vida, su contexto y sus propias necesidades como pueblo.

A fin de cuentas, la creencia en la reencarnación tiene sentido precisamente porque  le da sentido a la existencia humana: ayuda a darnos cierta tranquilidad frente a la idea de que todo es finito y limita; todo, incluyéndonos, se termina, o simplemente hacernos saber que más allá de nuestros errores siempre tenemos otra oportunidad para intentar hacer las cosas mejor, aprender y evolucionar. ¿Es la muerte el final de la existencia humana? ¿Quién soy? ¿Qué soy? ¿De dónde vengo? ¿Hacia dónde voy? ¿Cuánto más tiempo quisiera estar en esta Planeta? Preguntas, todas ellas, que pueden darle más trascendencia y sentido a la vida humana.