Las poderosas alas del optimismo

Una actitud positiva frente a la vida repercute positivamente en la salud y en diferentes ámbitos de la vida

Por Isha Escribano

El 17 de diciembre de 1903, cuando el pequeño motor del Flyer (volador) despedía sus primeros carraspeos y, segundos después, sus dos hélices comenzaban a girar, los hermanos Wright, en ese preciso instante y sin saberlo, se estaban ganabando ese exclusivo pasaje a la inmortalidad. No tardarían en utilizarlo. Minutos más tarde, aunque sin acariciar los cielos, doce caballos de fuerza, encerrados en noventa kilos de una incompresible ingeniería, los arrancaban de cuajo, unos centímetros del suelo. El The New York Times consideró a la hazaña como un hecho intrascendente y, con un título malicioso y pesimista, sentenció: “El hombre tardará mil años en volar”.

“… los hermanos Wright, en ese preciso instante y sin saberlo, se estaban ganabando ese exclusivo pasaje a la inmortalidad”.

Pero Orville y Willbur Wright, que tenían los pies sobre la tierra, y bien puestos, continuaron con sus sueños, tentativas y esperanzas. Y una de dos: o no leían el diario, o eran optimistas y perseverantes. O, tal vez, por aquello que de que “el descontento es el primer paso en el progreso del hombre”, como escribió Oscar Wilde, no se rindieron. Fueron temerarios, osados, resueltos y, finalmente, volaron. Y bien alto.

La conquista del deseo

Aristóteles consideraba más valiente al que conquista sus deseos que a quien conquista a sus enemigos. “La victoria más dura -sentenciaba el griego- es la victoria sobre uno mismo”. Y es por eso que la historia de esos hombres, de esos dos intrépidos hermanos es, de alguna forma, nuestra historia. La de todos… Ahora, ¿qué ocurre cuando carreteamos por la vida sin confiar siquiera en que los tiempos venideros traerán sol, alegría, paz interior, amor…? ¿O, sin tener fe, al menos, de que los días se tornarán nublados, si es que hoy todo es tormenta o tempestad? En otras palabras, ¿qué sería de nuestro paso por la Tierra si pensamos con el pálpito desgraciado de que el pronóstico es, y permanecerá, obscuro e indistinto? ¿Para qué la vida, para qué los sueños?

Hay quienes directamente preferían no pensar en el futuro, “llega tan rápido”, decía Einstein. Pero, salvo curiosas excepciones, todos pensamos en el mañana; todos depositamos al menos “algo” en ese porvenir prometedor. Una extensa serie de trabajos científicos aseguran que el optimismo repercute positivamente en los diferentes ámbitos de la vida y, particularmente, en varios procesos naturales de curación, como por ejemplo: acelera el proceso de recuperación luego de procedimientos quirúrgicos complejos, como el by-pass coronario, y en aquellas personas bajo tratamiento contra el cáncer de mama; disminuye las posibilidades de que la mujer sufra depresión post-parto; refuerza el sistema inmune y, de esa forma, existen menos posibilidades de resfriarse y contraer otro tipo de infecciones; es un muy buen factor pronóstico en personas alcohólicas en procesos de rehabilitación…

¿Incrédulo o insensato?

Hay quien dijo: “Soy pesimista en cuanto a los resultados, pero esto no neutraliza el optimismo de mi voluntad”. Michael F. Scheier, profesor de psicología de la Universidad Carnegie Mellon, en Pittsburgh, algo más alentador, tal vez, se obstina en desmentir una vieja creencia popular y expresa que: “pensar en positivo y estar ciego frente a la realidad no son dos situaciones análogas”. Para él, ambos -el pesimismta y el optimista- tienen la capacidad de mirar la realidad tal cual es; con la diferencia de que el primero vive los fracasos como hechos irreparables, mientras que para el otro se transforman en nuevos desafíos.

Aparentemente, no se nace con una actitud definida al respecto: mientras que un 25% estaría predeterminado genéticamente, el 75% obedecería a experiencias vividas a lo largo del camino. Por suerte, “los pesimistas pueden aprender a creer, a confiar en el futuro”, asegura Martin Seligman, psicólogo de la Universidad de Pennsylvania, en Filadelfia. Seligman explica que cuando algo sale mal, el optimista tiende a echarle la culpa a agentes externos, temporarios, que no dependen de él; el pesimista, en cambio, atribuirá los eventuales infortunios a su malograda personalidad o infructuosas cualidades.

En suma, la diferencia entre esperanza y desesperanza, entre ánimo y aflicción, entre aliento y desaliento, entre optimismo y pesimismo, es, básicamente, la actitud. Así de sencillo: la actitud frente a la vida. Por eso, siempre, vale el intento. Porque después de todo, parafraseando a Kafka: “No hay que seguir buscando barreras; quizá simplemente no existan”.

*Isha Escribano es cantante, música y compositora – fundadora y lider de Indra Mantras –; escritora y periodista; médica psicoterapeuta; conferencista; e instructora de yoga, técnicas de respiración y meditación.

Recibida en la Universidad de Buenos Aires, en 1993, cuenta con más de 25 años de experiencia en psicoterapias y sesiones de life-coach personales y grupales; 20 años de profundo estudio teórico y práctico de Ciencias Védicas; un Fellowship sobre Budismo e Hinduísmo en la Universidad de Cambridge, Inglaterra; conocimientos avanzados de medicina ayurveda y un año de residencia en Clínica Médica en el Hospital Italiano de Buenos Aires.

En los últimos 15 años brindó conciertos por todo el mundo, especialmente en Latinoamérica, y les dio cursos y talleres de desarrollo personal a más de 10 mil personas.

En las sesiones de terapia, presenciales u online, vuelca y comparte su experiencia de intensa vida personal, su profunda búsqueda espiritual y su mixtura de conocimientos científicos, artísticos y humanistas, provenientes de diversas culturas y corrientes de pensamiento. Suelen ser terapias cortas (generalmente de no más de 8 sesiones, con intervalos de 15 días a un mes, salvo situaciones excepcionales), apuntadas a resolver situaciones actuales puntuales y a modificar, eventualmente, ciertos hábitos cotidianos.

Es fundadora de El Arte de Vivir en la Argentina y Miembro Titular de la Academia Nacional del Folklore de la República Argentina.

En 2008, creó Indra Mantras -el primer proyecto de mantras pop de Sudamérica-, con el objeto principal de popularizar los mantras y elevar los valores humanos en la sociedad por medio de la música y el arte.

Por razones laborales y personales vivió en Boston y Nueva York (Estados Unidos), Cambridge (Inglaterra), Leipzig y Berlín (Alemania), Zurich (Suiza), Estocolmo y Västerås (Suecia). Además de español, habla fluido en inglés y tiene conocimientos de italiano, portugués, sueco, sánscrito y alemán.

Isha es mujer transgénero. Nació en Pergamino, provincia de Buenos Aires, Argentina, el 10 de marzo de 1969.