7 junio, 2019

Recordando a mi querido Agustín Pereyra Lucena

A los 25 años comenzó a desandar el mundo con su guitarra, sus composiciones y los clásicos del Brasil; su particular estilo fue reconocido y admirado por la crítica, el público y los más grandes artistas de la bossa nova y el samba. Grabó nueve discos -uno de ellos junto a Nana Vasconcelos- y su obra fue editada en Brasil, Argentina, Japón, Inglaterra, Francia, Noruega, España, Uruguay, Chile y Venezuela

Por Isha Escribano

Así me encuentra esta mañana otoñal: escuchando en Spotify a mi querido Agustín Pereyra Lucena, un maravilloso ser de luz y uno de los máximos referentes de la música popular brasileña en Buenos Aires.
Tuve el privilegio y el placer de haber estudiado con él, allá por 2002, cuando Palermo Viejo aun estaba a un abismo de sus ostentaciones hollywoodenses y soheras.
Los encuentros vespertinos, entre pinturas sobre atriles, partituras infinitas, gatos erráticos, guitarras de mil batallas, viejos lápices sin punta y el humo de su tabaquito lento, se extendieron durante algo más de un año en la habitación-estudio de su casa erigida en la esquina de Cabrera y Malabia.

Agustín junto a su fiel compañera…

Jamás hubiera pensado que de esos encuentros irían a gestarse, pocos años más tarde, tantas canciones, infinidad de ideas, ritmos diversos, formas de grabar (“con las cuerdas medio viejas, para que el sonido sea más dulce que estridente”) y hasta varios mantras en sánscrito en ritmo de samba y bossa nova, como los que comparto debajo.

¿Cómo olvidar aquellas clases particulares de música y guitarra, pero también de arte en general, de brasilerismo, de canto a la vida y de libertad pura, junto al alma noble, docente, sensible, divertida, autodidacta, dulce, insolente como su chorinho, y genialmente creativa de Agustinho Pereyra?
Fue nada menos que EL poeta, Vinicius de Moraes, quien lo recomendó al mundo entero en la contratapa de su primer vinilo, editado en 1970. Baden Powell, Carlos Lyra y Toquinho, entre otros tantos próceres de la guitarra brasileña, también lo tenían en altísima consideración.


Una honda melancolía perenne -que jamás abandonaba su mirada-, era acaso la pincelada más distintiva en su modo de sentir, componer e interpretar la música popular brasileña, su exquisita música popular brasileña.
Herencia del tango, acaso, a las que años más tarde se le fueron incorporando fuertes influencias del impresionismo francés, el jazz y el clasicismo español.

«Una honda melancolía perenne -que jamás abandonaba su mirada-, era acaso la pincelada más distintiva en su modo de sentir, componer e interpretar la música popular brasileña, su exquisita música popular brasileña».

A casi un mes de su partida hacia las aguas serenas, lo recuerdo aquí -una tibia mañana de otoño porteña- con infinito agradecimiento y lágrimas en mi corazón, tan vivo, tan cercano y tan humano como la última vez que nos reímos con la inocencia de dos niños.
¡Gracias mi querido Agustín Pereyra Lucena!
Ya nos volveremos a cruzar; música, guitarra y bossa nova mediante.
Sí, claro, y con las muchas, muchísimas risas de siempre, también.

Agustín, en una típica actitud meditativa.

*Isha Escribano es una cantante, música y compositora transgénero – creadora de Indra Mantras –; escritora y periodista; médica especializada en psicoterapias individuales y grupales; e instructora de yoga, técnicas de respiración y meditación.