28 marzo, 2019

Sobre la alquimia del alma

¿Alguna vez te has preguntado qué proceso alquímico estás atravesando y cómo transformar positivamente aquello que te causa dolor, sufrimiento o malestar?

Desde siempre, la alquimia fue consirada o entendida como el proceso mediante el cual el plomo se transforma en oro. Sin embargo, detrás de este concepto subyace un significado mucho más profundo y personal que hace referencia a la psiquis humana y a la capacidad de transformación que poseemos. Cuando se habla de “plomo”, en realidad se hace referencia a una sustancia impura o sin valor, sin tener que ser ese metal en concreto. De la misma manera, al hablar de “oro”, en realidad se hace referencia a un metal noble, puro, valioso, y no necesariamente a este mineral en particular.

«… aquel que quiera interpretar de acuerdo con el significado ordinario de las palabras lo que han escrito los otros alquimistas se perderá en los pasadizos de un laberinto de que nunca podrá salir».

Desde la antigüedad, el hombre ha perseguido el sueño de hallar la “piedra filosofal”, esa sustancia legendaria que se dice que es capaz de convertir el plomo en oro. ¿Y si esa piedra filosofal hubiese estado siempre en tu poder? ¿Y si ese oro estuviera accesible y esperando a que te decidas a transformarlo? Partimos de la totalidad, aquel lugar que habitábamos antes de ocupar un cuerpo, donde no había limitaciones, miedos ni creencias, la naturaleza más pura y genuina. Con el tiempo y el desarrollo en una determinada cultura familiar y social hemos ido desarrollando la dualidad, poniéndonos barreras, limitando nuestro pensamiento a determinados circuitos.

De este modo, cada uno de nosotros hemos creado una realidad particular donde conceptos abstractos e “inventados” como la soledad, el castigo o la culpa han tomado forma y adquirido vida.
De esta manera, siguiendo con este lenguaje simbólico, podríamos decir que hemos ido “degradando” nuestra naturaleza pura y saludable, en una sustancia llena de impurezas; impurezas que veremos reflejadas en cada neurosis, cada sufrimiento y cada conflicto que experimentamos en nuestra realidad percibida. 

«Hemos ido degradando nuestra naturaleza pura y saludable, en una sustancia llena de impurezas».

Sin embargo, esto no refleja nada negativo, al contrario, vivir se considera precisamente el proceso alquímico donde tenemos la oportunidad de redescubrir lo que realmente somos. El objetivo de nuestra vida es el proceso en sí más que la recompensa final ya que, en realidad, los absolutos “oro” o “plomo” no existen, serían simplemente las polaridades, los extremos entre los que nos iremos moviendo a lo largo de nuestra experiencia vital.

Controlar la alquimia se hace pues, la pieza clave para tener una vida equilibrada y coherente. Para facilitar y propiciar este proceso ya vimos que se hacía referencia a algo llamado “piedra filosofal”. Pues bien, algunos buscan esta herramienta fuera, en esta o aquella religión, filosofía o dogma, incluso en costumbres, lugares o rituales. Sin embargo, desde la bioneuroemoción proponemos que la piedra es inherente a la naturaleza humana, tan solo hay que tomar conciencia de ella. Nada externo a nosotros puede salvarnos, esto lo entenderemos al mismo tiempo que entendamos que nada externo a nosotros puede dañarnos. Esto es lo que se conoce como conciencia de unidad. 

«Nada externo a nosotros puede salvarnos, esto lo entenderemos al mismo tiempo que entendamos que nada externo a nosotros puede dañarnos. Esto es lo que se conoce como conciencia de unidad». 

El proceso alquímico habla del proceso de individuación del ser humano, el que da paso al “oro interior”, el “ser” completo. El plomo, pues, representa al ser humano en la etapa en la que el ego se hace dueño y protagonista central de la conciencia, el portador absoluto de la personalidad, olvidando la auténtica naturaleza del ser humano -la totalidad- simbolizada por el oro. 

Nuestro cometido es llegar a nuestra esencia, y para ello es necesario echar una mirada a nuestra sombra, ninguna transformación es posible sin sacar a la luz lo guardado en la oscuridad. Con esto hacemos referencia a nuestras limitaciones, aquello que nos negamos y aquello que nos avergüenza. Esto sería un buen ejemplo de proceso alquímico en el desarrollo de la psique humana.

«Para eso existe la alquimia… Para que cada hombre busque su tesoro, y lo encuentre, y después quiera ser mejor de lo que fue en su vida anterior».

Como si de una destilación se tratara, consistiría en desarrollar la capacidad para deshacernos de lo superficial y concentrarnos en lo esencial para, finalmente, ser capaces de integrar todos nuestros aspectos, en un proceso de disolución de persona y sombra que nos permitirá alcanzar nuestro máximo potencial. La alquimia nos muestra simbólicamente el camino que invita al ser humano regresar a su auténtica naturaleza, la conciencia de unidad.

Fuente: Enric Corbera Institute